David Hockney, su importancia en la historia del arte y cómo ver su obra

Hoy el mundo del arte perdió a uno de sus nombres más influyentes. David Hockney, una de las figuras más importantes del arte contemporáneo, falleció en paz en su casa, un mes antes de cumplir 89 años.
Hay artistas que pertenecen a un movimiento. Y hay artistas que pertenecen a todos los movimientos al mismo tiempo, sin pertenecer del todo a ninguno.
David Hockney fue el segundo caso. Pop art, hiperrealismo, fotografía, ópera, iPad — su obra atravesó casi siete décadas y casi todas las tecnologías que existieron en ese tiempo, sin perder nunca una voz reconocible.
Para cualquier persona que se está formando en artes visuales, diseño o dirección de arte, Hockney es un caso de estudio obligado: no por pertenecer a un canon, sino por demostrar que un artista puede reinventar su medio constantemente sin perder su mirada.
¿Quién fue David Hockney?
David Hockney nació el 9 de julio de 1937 en Bradford, Inglaterra, el cuarto de cinco hijos. Fue educado en la Bradford Grammar School y en el Bradford College of Art entre 1953 y 1957.
Objetor de conciencia como su padre, realizó el servicio militar como enfermero antes de ingresar en el prestigioso Royal College of Art de Londres en 1959. Allí conoció a R. B. Kitaj y a otros fundadores del pop art inglés.
Su pintura «Doll Boy» llamó la atención del marchante John Kasmin, quien lo invitó a tomar el té cuando todavía era estudiante. Poco después de graduarse, Hockney realizó su primera exposición individual y comenzó a hacerse un nombre en el mundo del arte.
Pintor, dibujante, grabador, escenógrafo y fotógrafo. Como importante contribuyente al movimiento de arte pop de la década de 1960, se lo considera uno de los artistas británicos más influyentes del siglo XX.
Pero reducir a Hockney al pop art es quedarse corto. Aunque siempre rechazó ser considerado un artista pop, eso es exactamente lo que era: un artista que plasma su realidad contemporánea, aparentemente frívola y superficial, pero cargada de sutiles matices.
California, las piscinas y la imagen que lo hizo mundialmente famoso
Si hay una imagen que el mundo asocia instantáneamente con Hockney, es una piscina californiana, sol intenso, colores saturados y una figura suspendida en el aire o sumergiéndose en el agua.
Hockney se instaló en California en 1964, donde comenzó a pintar los paisajes luminosos que lo convirtieron en figura del pop art, especialmente gracias a su serie de piscinas. Allí conoció a Henry Geldzahler, Andy Warhol y Dennis Hopper, y realizó esa serie de pinturas con acrílicos, en un estilo muy realista y de colores vibrantes.
Al haber nacido bajo el cielo gris de la ciudad industrial de Bradford, en el condado de Yorkshire, Hockney quedó cautivado por la luz y las libertades de la California de los años 60, convirtiendo ese estado en su residencia principal durante 40 años.
Esa serie de piscinas no es solo un retrato del paisaje californiano. Es el retrato de una época, de un estilo de vida y de una sensibilidad — la del pop art aplicado no a productos de consumo sino a la vida cotidiana de una clase social específica, en un lugar específico, en un momento específico.
La obra más emblemática de esa serie, Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) de 1972, tuvo un destino que confirma su lugar en la historia del arte: marcó un récord para un artista vivo al venderse por encima de los 90 millones de dólares en 2018, aunque al año siguiente fue desplazado del primer puesto por Jeff Koons.

Un artista que nunca dejó de experimentar con tecnología
Lo que distinguió a Hockney de muchos de sus contemporáneos no fue solo su talento pictórico, sino su relación con la tecnología — siempre de curiosidad, nunca de rechazo.
Hockney mostró siempre una pasión sin límites por la tecnología, abrazando desde el primer momento todas las posibilidades que esta le ofrecía para el desarrollo de su arte. Lejos de criticar las nuevas formas de arte para defender el trabajo artesanal —algo habitual entre muchos de sus coetáneos— hizo suyas las nuevas herramientas informáticas y digitales para crear obras sorprendentes.
Esa actitud se ve a lo largo de toda su carrera:
Fotografía y los «joiners». Después de la pintura, exploró el teatro, el grabado y la fotografía, creando en los años 80 composiciones fotográficas múltiples para superar la visión limitada de una sola imagen. Sus composiciones hechas con Polaroid, a las que llamó «ensamblajes» o joiners — como su obra Henry Moore (1982) — son un ejemplo central de ese trabajo fotográfico.
Durante esa época, la fotografía tuvo una relevancia tal para Hockney que llegó a abandonar la pintura por un tiempo — aunque al final volvió a ella por las limitaciones creativas que encontró en la fotografía.
El iPad como herramienta de pintura. Desde 2009, Hockney pintó retratos, bodegones y paisajes utilizando la aplicación Brushes para iPhone y iPad. Dominó primero las técnicas académicas antes de apropiarse de las nuevas tecnologías, con obras realizadas en iPad ya con más de 70 años.
Pensalo en perspectiva: un artista que empezó su carrera en los años 50 pintando al óleo, décadas después estaba haciendo paisajes completos con el dedo en una pantalla táctil — y esos trabajos se exhibían con la misma seriedad que sus óleos de los 60.

Más allá de la pintura: escenografía y ópera
Una faceta menos conocida de Hockney, pero especialmente relevante para quienes se forman en dirección de arte y diseño escénico, es su trabajo como escenógrafo.
Hockney se destacó montando escenografías para óperas, como la del festival de Glyndebourne en Inglaterra y para el Metropolitan Opera House de Nueva York, que recibieron importantes comentarios del público y la crítica. Sus temas abarcaron desde bodegones y paisajes hasta innumerables retratos de amigos y familiares, así como diseños escénicos para teatro y ópera.
Diseñar para la ópera implica pensar en color, espacio, luz y composición a una escala completamente distinta a la del lienzo — y pensarlos al servicio de una narrativa que se desarrolla en tiempo real, frente a una audiencia. Que un pintor de la trayectoria de Hockney se haya dedicado en serio a esto demuestra algo importante: la frontera entre las disciplinas visuales — pintura, escenografía, fotografía, diseño — es mucho más permeable de lo que la educación artística tradicional suele sugerir.
Su lugar en la historia del arte
The Other Art Fair realizó una encuesta en noviembre de 2011 entre 1.000 pintores y escultores británicos que declaró a Hockney como el artista más influyente de todos los tiempos de Gran Bretaña.
En el Reino Unido, con sus gafas redondas, su personalidad cercana, su distintivo acento de Yorkshire y su inseparable gorra, Hockney era considerado un patrimonio nacional.
Parte de su importancia histórica tiene que ver también con su biografía personal. A diferencia de Andy Warhol, que siempre mantuvo oculta su sexualidad, Hockney fue uno de los primeros artistas abiertamente homosexuales de su generación — y decidió trasladarse a una sociedad más desinhibida que la inglesa, encontrándola en California. Esa decisión personal está directamente conectada con la temática de buena parte de su obra: cuerpos, deseo, intimidad, representados sin ocultamiento en un momento histórico en que eso era poco común.
Su legado abarca pintura, dibujo, fotografía, escenografía, arte digital y vidrio, sintetizando tradición e innovación bajo su célebre idea de «la mano, el ojo y el corazón».
Su excepcional inventiva fue el centro de la mayor exposición dedicada a él, en 2025, en la Fundación Louis Vuitton de París, en la que Hockney se implicó activamente. Hockney perdió audición a partir de los 40 años y sufrió un leve accidente cerebrovascular en 2012. En 2019 se instaló en Normandía antes de regresar a Londres en 2023.
Cómo y dónde ver la obra de Hockney
Para quienes quieran acercarse a su obra de forma directa, hay varias vías:
Museos y colecciones permanentes. Sus obras se encuentran en numerosas colecciones públicas y privadas alrededor del mundo, incluyendo la Galería Nacional de Arte Británico en Londres. También fue uno de los fundadores del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles en 1979, institución que conserva trabajo suyo. La Tate Modern de Londres también exhibe su obra, incluyendo Portrait of an Artist (Pool with Two Figures).
Salts Mill, en su ciudad natal. Muchos de los trabajos de Hockney se encuentran cerca de su ciudad natal, Bradford, en Salts Mill, Saltaire. Es uno de los espacios más significativos para ver su obra en contexto.
Documentales y biografías. «David Hockney: A Rake’s Progress» (2012), del escritor y fotógrafo Christopher Simon Sykes, recorre la vida del artista entre 1937 y 1975 y es un excelente punto de entrada para entender su trayectoria y proceso creativo.
Exposiciones y homenajes. Tras conocerse su fallecimiento, su representante anunció que «los detalles sobre los homenajes se anunciarán próximamente». Es probable que en los próximos meses se organicen retrospectivas y exposiciones conmemorativas en instituciones de todo el mundo — vale la pena seguir la agenda de museos como la Tate, el Centre Pompidou o el LACMA.
Qué aprender de Hockney como estudiante de arte o diseño
La lección más importante que deja la carrera de Hockney no es estilística — es actitudinal.
Hockney nunca se quedó quieto. Pasó del óleo a la Polaroid, de la Polaroid al fax, del fax al iPad, sin abandonar nunca su sensibilidad por el color, la composición y la luz. Cada nueva herramienta no reemplazó a la anterior — la amplió.
Su legado perdurable refleja su profundo entusiasmo por la vida, su extraordinario sentido del humor, su inmensa generosidad y su curiosidad inquisitiva, plasmados en su frase característica: «Ama la vida».
Para cualquier persona que se está formando en dirección de arte, diseño o comunicación visual, esa es exactamente la actitud que más vale desarrollar: la curiosidad por las herramientas nuevas no como amenaza, sino como una extensión más del propio lenguaje visual. Las herramientas cambian. El criterio — la mirada — es lo que se mantiene y lo que define a un artista a lo largo de siete décadas.
Hoy el mundo del arte despide a uno de sus referentes más queridos. Pero su obra — y sobre todo, su actitud frente a ella — sigue siendo una de las mejores escuelas posibles para cualquiera que quiera dedicarse a esto.
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